La sal es un mineral abundante que podemos obtener fácilmente. Pero no por ello debemos consumirlo en abundancia.
Vale, sé que una pizca de sal en tus platos le saca el sabor intenso que tanto te gusta, sí…pero no se puede abusar de este método ya que nos puede acarrear problemas de hipertensión. Según otras fuentes recomiendan un máximo de 1.500 mg de Sodio al día.
¿Cómo saber la cantidad de sal y el sodio en los alimentos procesados?
Para saber la cantidad de sal que contienen los alimentos transformados hay que mirar si la información nutricional incluye sodio y hacer dos cosas muy sencillas:
Calcular cuántos gramos de sodio se tomarán por ración (normalmente en las etiquetas nutricionales ya indican los valores por ración).
Multiplicar los gramos de sodio x 2,5.
Por ejemplo, si queremos calcular cuánta sal contiene un vaso de gazpacho industrial:

Leemos la etiqueta nutricional y vemos que 1 vaso contiene 0,75 g de sodio.
Multiplicamos 0,75 g de sodio x 2,5, y el resultado es de 1,875 g de sal (es decir, casi ⅖ partes de la cantidad máxima de sal recomendada para un día).
El problema de la sal no es la sal en sí misma sino el sodio (cloruro de sodio) que contiene. El sodio es un metal alcalino que interviene en el balance de los sistemas de fluidos físicos y también en el funcionamiento de nervios y músculos.
Por contra, un exceso de este metal puede dañar nuestros riñones y motivar la hipertensión.
¿Dónde se encuentra?
El Sodio lo podemos encontrar en la sal de mesa, alimentos en conservas, embutidos, bebidas con gas, pan e incluso en el agua.
Con esto quiero decir que estamos prácticamente rodeados de este metal y bajo mi punto de vista no creo necesario añadirlo a nuestra alimentación ya que, sin querer, lo consumiremos.
¿Alternativas?
Si quieres seguir disfrutando del sabor de tu comida puedes probar con Vegesal (sal vegetal), Sal sin sodio y otras especias que le sacarán partido a tus platos. Inscluso puedes rayar un limón y secar las virutas obtenidas para luego usarlas a modo de sal.